El capitalismo no es el infierno
Por Juan Gonzalo Angel Restrepo
Es frecuente escuchar críticas al mercado y a la empresa privada. Se cuestionan las privatizaciones, las multinacionales y los negocios en general. Sin embargo, casi todos los países quieren salir del subdesarrollo, y los que lo han logrado lo hicieron, en buena medida, gracias a economías de mercado.
La empresa privada genera empleo, innovación y progreso. La competencia obliga a mejorar productos y precios, y el trabajo es un motor de superación personal. Ningún modelo que haya eliminado la iniciativa privada ha logrado darles a sus ciudadanos una vida mejor.
Eso no significa que todo valga. Existe un capitalismo salvaje, que pasa por encima de las personas y del ambiente con tal de ganar dinero. Ese sí es un problema ético y económico, y hay que combatirlo con reglas claras y autoridades que las hagan cumplir.
Cada vez más, la sociedad les exige a las empresas responsabilidad con sus trabajadores, sus clientes, sus comunidades y el ambiente. Las empresas que entienden eso no lo ven como un costo, sino como parte de su negocio.
El reto no es elegir entre mercado o Estado, sino lograr que ambos funcionen: un mercado dinámico y un Estado que ponga reglas justas.