Conectividad: el campo también necesita estar en línea
Por Juan Gonzalo Angel Restrepo
Las telecomunicaciones avanzan a una velocidad asombrosa. Hoy es posible hablar gratis y en tiempo real con alguien al otro lado del océano. Sin embargo, esa revolución no ha llegado a todos por igual.
Hace pocos años, viajar a ciertos países significaba quedar prácticamente incomunicado: llamadas internacionales carísimas, tarjetas que solo se compraban con pasaporte, internet lento y páginas bloqueadas. Ese control sobre las comunicaciones mostraba algo que sigue siendo cierto: quien controla la conexión controla buena parte de la vida de las personas.
En América Latina la discusión ya no es si internet existe, sino quién queda por fuera. En muchas zonas rurales la señal sigue siendo débil, el servicio es caro y las redes llegan tarde. Para un productor del campo, eso significa no poder consultar precios, no acceder a créditos digitales, no aprender de otros productores y no vender directamente.
La conectividad rural no es un lujo: es infraestructura productiva, tan importante como una vía. Un pequeño operador de internet que lleva fibra a un municipio cambia la economía de ese lugar. Un productor que puede ver un video sobre un nuevo sistema de pastoreo o una técnica de riego puede mejorar su finca sin salir de ella.
Por eso las políticas públicas deben facilitar, y no complicar, que las redes lleguen a donde todavía no están. Menos trámites, reglas claras y apoyo a los operadores regionales que conocen el territorio.
Conectar al campo es una de las inversiones con mayor retorno que puede hacer un país.